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Fuego y vino contra el hechizo LA PLATA.- Eran las 2.15 y una fría lluvia caía sobre la ciudad. Manuel Salazar terminó de rodear la plaza Moreno, frente a la catedral, se arrodilló, marcó una cruz en el piso y con paso resuelto se dirigió al monolito levantado en el centro geográfico de la ciudad. "Doctor Eduardo Duhalde, bienvenido a la presidencia de la República", gritó, y las 200 personas que desafiaron la destemplada madrugada aplaudieron sonoramete. La Plata quedó así desencantada (o al menos, eso dijeron) al romperse la maldición de la bruja Tolosana, por la que los gobernadores del distrito no pueden llegar a presidente. No hubo políticos, apenas un par de chicas se animaron a mostrar, bajo sus camperas abrigadas, camisetas con la inscripción "Duhalde 99". La cuestión no fue tan simple ni sencilla para quienes, durante cuatro horas, siguieron al psíquico desencantador. Hubo inconvenientes de organización: el fuego de la pira para festejar la noche de San Juan se negaba a prender. Debieron contener los impulsos de un autotitulado "argentino-prusiano", que prometía muerte a todos los corruptos, y apelar a la razón para intentar comprender cómo no terminaron con los pies en llagas las 30 personas que caminaron descalzas sobre las brasas. Hubo que conservar la cordura cuando un desconocido se trepó al monolito para tratar de romper el trabajo . Hubo que pellizcarse varias veces para convencerse de que eso aún era La Plata y no la plaza de la mítica Macondo. Magia, realismo o grotesco, lo cierto es que, a las 23, llovía copiosamente, pero no había nubes y la luna brillaba radiante. Cinco minutos antes de la medianoche, Manuel Salazar, el psíquico, dio la orden para prender el fuego en la esquina de las calles 19 y 76, donde había una montaña de cuatro metros de palos y maderas. Diarios viejos se repartieron entre la concurrencia. "Acérquelo al fuego para que prenda y pida un deseo personal", fue la consigna repetida. Pero no encendía hasta que apareció el kerosene. En la plaza Moreno se cumplió la segunda etapa: sobre el monolito que recuerda el lugar de fundación se colocaron botellas de vino tinto, blanco y champagne. Llegó Salazar, extendió una bandera bonaerense y otra negra sobre la piedra. A esa hora, un extraño personaje discutía con el prusiano, ya en pose hitleriana. Fue allí cuando Salazar regresó de su recorrida, en el sentido de las agujas del reloj, por el contorno de la plaza. Después, se destapó el vino y el champagne y todos brindaron en paz. Los entendidos en cuestiones de magia y otras yerbas aseveraban que el personaje del hueso y el sombrero había sido un enviado de la bruja Tolosana, pero que, "afortunadamente -dijeron-, logramos neutralizar".
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