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Un Silvio Rodríguez sinfónico El cantautor cubano se lanzó a la aventura de escribir canciones con orquesta "Expedición" reúne 12 temas, arreglados por el autor El es un amante de la música sinfónica y dice que sentía la composición para orquesta como una deuda A los 56 años, Silvio Rodríguez encaró una de las aventuras artísticas más arriesgadas en su larga marcha junto a la nueva trova. En "Expedición", su reciente álbum, el cantautor cubano vuelve a transformarse en un aventurero con ansias de experimentar "el secreto vicio de ser barca sobre las olas de un mar de sueños", como dijo hace poco. El músico se lanzó a componer para voz y orquesta los doce temas que integran el disco, que saldrá en simultáneo en todo el continente. Es un nuevo intento por lanzar su mensaje en botella a la mar, traspasando bloqueos y fronteras. Silvio vuelve a practicar el oficio de compositor a fondo. Arriesga, con todo lo que eso implica, abandonando su fórmula acústica y ascética de la guitarra y la voz, a sabiendas de que puede condenarse a la soledad, como su isla. Después de escuchar el CD, donde diez de los temas son nuevos y dos pertenecen a sus primeras épocas, pero permanecían inéditos, queda claro que la aventura bien vale la pena. Esta vez, sin aparecer despojado y desnudo musicalmente, como en anteriores trabajos, se logra adaptar con agudeza y sobriedad al sonido sinfónico, para construir otro camino y alejarse de la rutina. Es acompañado por ilustres músicos de la isla, como el pianista Andrés Alén, el director Enrique Pérez Mesa, la cantante Anabel López y la flautista Niurka González. El CD fue grabado en sus propios estudios Ojalá y en el mítico Abbey Road de Londres. Rodríguez se retiró por tres años de los escenarios para saldar una antigua deuda con la composición. "La verdad es que he pasado prácticamente la mitad de mi vida sobre un escenario. Creo que eso me había impedido poner a prueba mis viejos deseos de orquestar -confesó en la conferencia de prensa que realizó el miércoles último, en la Casa de las Américas de La Habana-. Ni yo mismo me había percatado de que algunas inquietudes musicales esperaban por mí. Podría resumirlo diciendo que me había aprendido un par de nuevos acordes y no me daba cuenta de que ya era hora de usarlos." "Expedición" se transforma en la excusa para despertar a otro lenguaje musical que nutra su trova tanto como sus versos. Una música que anidaba en su formación, latente en la audición diaria de las orquestas, que disfruta en soledad. "Desde que empecé a componer sentí más cosas que solamente la guitarra y la voz para la música que imaginaba. Cuando estuve en el grupo de experimentación sonora, tuve la oportunidad de tomar clases con grandes maestros, como Leo Brouwer, Federico Smith y Juan Elosegui, y eso me preparó para plasmar mis ideas musicales. Sentía que necesitaba una canción más poética desde lo musical." Así, Rodríguez recorre la posibilidad de asir la palabra y la música, convirtiéndolas nuevamente en una unidad simbólica, donde se proclama como "candidato al inventario de la omisión, por no ser globable ...", como escribe en "Fronteras", una de las canciones del disco. Seleccionadas entre veinte temas, estas obras vuelven a ser parte de una unidad poético-musical, en la que las melodías siguen teniendo una importancia fundamental en la sección de cuerdas y en la que los ritmos tradicionales cubanos surgen como brisa fresca en el sonido del tres, la percusión afro y las maracas. Es una forma de sintetizar todo lo que conforma su tierra. Una poesía sinfónica que, sin embargo, mantiene esa comunicación directa con el oyente. No faltan, claro, los guiños ideológicos, como señales hechas al sueño utópico de la revolución cubana y a los actuales procesos de cambio, que sitúan a la isla caribeña en el ojo de la tormenta. El nombre del disco, elegido por su hija Violeta (originalmente se iba llamar "Fantasmas y sortilegios"), es una referencia directa al caso de Elián González, que movilizó a toda la isla y a la comunidad internacional hace un tiempo. "Pero no está dedicado a él, sino a esa unidad que se forjó para su devolución, donde participó masivamente el pueblo cubano y que a mí me impresionó mucho", señaló el trovador, que busca sorprender nuevamente a su auditorio luego de 35 años de trayectoria. Silvio Rodríguez se vuelve a expresar a través de letras que funcionan como la metáfora de un "país proscripto", según sus palabras, embarcado en un viaje utópico sin retorno: "Viajamos entre la tormenta, después de la explosión de Dios./Cada relámpago nos muestra/fantasmagóricos de amor", canta en el tema que da título al disco. En otras creaciones, como "Amanecer", devela su fascinación por ritmos como el danzón, o la influencia de un compositor mexicano como Revueltas, y logra ensanchar su horizonte musical en esas canciones simples que transforma en odas de amor, pacifistas, cotidianas, urgentes (algunas con mayor acierto que otras), como "Sortilegios", "Hace no sé qué tiempo ya", "Ese hombre", "Anoche fue la orquesta", "La mancha", "Quedate" y "Tiempo de ser fantasma". Acunado por su madre con boleros y guarachas, Silvio Rodríguez se considera a sí mismo como uno de los más oscuros a aprendices de la música clásica, amante del barroco, del período isabelino y de las grandes composiciones instrumentales. El resultado de este trabajo demuestra el cruce de influencias que está expresado en su música. Para algunos, puede que sea uno de sus mejores discos en los últimos años. Es probable, pero más que una opinión en este sentido importan las palabras del trovador habanero: "Yo he trabajo en este disco con la misma intensidad con que hacía canciones en la década del 60, como si cada una fuera la última de mi existencia". Aquellas marcaron a toda una generación. El tiempo dirá cuál será el destino de este nuevo viaje
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