|
|
Las Williams, McEnroe y otra Batalla de los Sexos Donald Trump se ofreció para organizar un match, con US$ 1.000.000 de premio NUEVA YORK.- Es el mediodía del domingo y llueve. Bajo las sombrillas de los patios de comida se acumula gente que, entre hamburguesas, pizzas, buffalo wings (alas de pollo con salsa y papas fritas) y los infaltables vasos de cerveza, habla y habla de tenis, aunque no se trate del US Open. La conversación fluye como consecuencia de un desafío. De un nuevo show para abastecer el consumismo de los norteamericanos. Vayamos al grano: el magnate Donald Trump se cansó del ir y venir de las declaraciones de John McEnroe y Venus Willliams, y el viernes último le envió una carta a Big Mac en la que se ofrecía como organizador del segundo capítulo de la Batalla de los Sexos. La propuesta es un partido en el casino Taj Mahal, en Atlantic City, con un millón de dólares como premio para el vencedor. Trump, que anteayer asistió a su lujoso palco para contemplar la derrota de Anna Kournikova, afirmó que todavía no tuvo respuesta de McEnroe. "Creo que sería un match vibrante, atractivo para el deporte y muy excitante", dijo el magnate. Todo surgió en los primeros días del certamen, cuando McEnroe, un todo terreno del US Open -es comentarista de TV, jugador, capitán del equipo de Copa Davis, etc...- disparó que tanto él como cualquiera de sus colegas del Senior Tour serían capaces de vencer a las hermanas Williams, afirmación que, desde Europa, fue apoyada por el sueco Björn Borg. Claro que las Williams no se quedaron calladas. Venus, la mayor, ganadora de su primer título de Grand Slam en Wimbledon e invicta desde entonces, manifestó: "Paso, no es parejo jugar con alguien de 40 años. Además, tengo mi agenda ocupada hasta abril, por lo menos". El tema se puso en boca de todos. Por aquí, nadie olvida la primera Batalla de los Sexos, el 20 de septiembre de 1973, que tuvo como vencedora a Billie Jean King, de 29 años, sobre Bobby Riggs, de 55, en un partido disputado en Houston, con 90 millones de espectadores por TV. Pero parece que las Williams no andan bien de la memoria, porque escondieron sus viejos desafíos. En 1998, durante el Abierto de Australia, Serena, la menor de las diosas de ébano, dijo que le podía ganar al Nº 200 del ranking masculino. La noticia corrió como reguero de pólvora en Melbourne, donde estaba el alemán Karsten Braasch, zurdo como McEnroe, que venía de perder la clasificación y, casualmente, estaba 200º en el ranking. Braasch, que fumaba en los cambios de lado, le ganó a Serena por 6-1. Su hermana, a un costado, quiso salvar la afrenta y se midió con el alemán, que se retiró con un 6-2 en su favor. Otro antecedente fresco fue la victoria de Jimmy Connors ante Martina Navratilova, a principios de la década del 90, a un solo set, con victoria por 6-1 para Jimbo, que le permitió a su rival que sus tiros picaran en el sector en el que habitualmente se juega dobles. Comenzó como una amenaza y terminó como una propuesta. Donald Trump no es ningún improvisado para los negocios. Sabe que tiene muy cerca de su anzuelo a dos peces gordos afines a este tipo de cosas. Sólo resta saber si el millón de dólares es suficiente para preparar un court en algún sector de la denominada Las Vegas del este norteamericano. Y, obviamente, la respuesta de los protagonistas para levantar de una vez el telón. Por Alfredo Bernardi Enviado especial
|